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Viernes, 10 Febrero 2017 15:49

“El Estado le ha dado trato de quinta al crimen”

Yuri Quintero Torres ha tocado toda puerta clamando justicia. Yuri Quintero Torres ha tocado toda puerta clamando justicia. /Foto: Archivo El Espacio.

El caso no resuelto del silenciamiento por vía de las balas, del mártir del periodismo del Caribe colombiano, va camino a la impunidad, sus familiares temen que la justicia no castigue a los autores intelectuales.

Por: Hamilton Fuentes. 

Ya son casi 18 años,  de aquel  16 de septiembre de 1999, cuando un matón a sueldo ingresó por el pasillo de la cantina del hotel Los Cardones de Valledupar, ingresó hasta el patio del lugar en donde divisó a la víctima, y sin mediar palabras disparó contra la humanidad  de ‘Manzo’, con la certeza de un sicario profesional, entrenado para matar.  Guzmán Quintero Torres ‘Manzo’, como le decían sus amigos, compartía con  Oscar Martínez,  con el pretexto del cumpleaños, y con Edgar De La Hoz, dos de sus compañeros del periódico local, El Pilón, de donde era jefe de redacción.

El homenajeado buscó refugio en las habitaciones del hotel, pero todas se fueron cerrando y se escondió detrás de un palo de mango y De La Hoz, quedó paralizado en el lugar, según relatan los testigos del asesinato.

El sicario huyó en una motocicleta que aguardaba y testigos dicen que lo vieron ingresar al Batallón la Popa de la capital del Cesar.

Sus amigos quedaron inmóviles y sin capacidad de reacción detrás de un palo de mango para protegerse de las balas, segundos después corrieron hacia su jefe, él, en medio de la dificultad para hablar intentaba decir algo y su amigo de auxiliarlo en medio de la impotencia por no hacer mayor cosa, se escuchaban gritos en medio de la desesperación ¡llamen a la Policía, pilas una ambulancia! ¡Le dieron, lo tiraron! ¡Ay ve pobrecito, no merecía eso!

Nadie quería comprometerse en brindar los primeros auxilios, de repente apareció un hombre gordo y se le atravesó a un taxi, obligándolo a parar, el Samaritano con aspecto de provinciano y sus dos amigos tomaron al comunicador agonizante y lo echaron en la silla trasera del vehículo público y de inmediato salieron hacía el entonces Seguro Social.El experimentado conductor se abrió paso entre las motos y los vendedores ambulantes apostados a lado y lado de la calle 17, Martínez le pidió al chofer que acelerara lo que más pudiera  y le ordenó al chofer que se volara los semáforos. 

Durante el recorrido intentaron parar la sangre, pero cada vez perdía más sangre y se debilitaba. Cada segundo parecía una eternidad, ya en el parqueadero del Seguro ingresaron al herido con signos vitales.

¿Qué le pasó? Preguntó uno de  los médicos de turno, - un sicario le disparó en cuatro oportunidades respondieron, los tiros eran fulminantes, pero sus amigos pedían salvación.

De inmediato, uno de sus amigos buscó un teléfono público monedero y discó el número de Alcira Vitola, la esposa de Guzmán, no sabían como darle la noticia, y con voz entrecortada le dije “intentaron matar a tu marido”, me preguntó si era grave, no fui capaz de responder y colgué la llamada, cayéndome en el piso donde me sumí en el llanto, tal vez pasaron 15 minutos cuando ella llegó sobresaltada como si presintiera que no se iba a salvar, 

Una serrana que observaba la situación le dijo, “Ya paque llorai, con eso no se va a salvá”, ella la miró con profundo dolor, no le dijo nada, silencio sepulcral fue su respuesta y se quedó pensando. 

“Nos acostumbramos a la muerte, un muerto más solo es una cifra, nos volvimos indolentes al dolor ajeno. La vida no vale nada, en este pueblo de mierda”.

Atentaron no contra una persona, fue un atentado contra la libertad de expresión y de prensa.  Guzmán llegó a Valledupar, procedente del Carmen Norte de Santander, después de un Viaje que emprendieron sus padres, de origen Liberal, en medio de la violencia a mediados del siglo pasado, herencia que lo marcó de por vida para convertirse en un defensor de los Derechos Humanos de los pobres y vulnerables. Siempre ha defendió un periodismo ligado a los principios éticos, un trabajador incansable, esclavo, y comprometido, en la búsqueda de la verdad. Verdad que le costó la muerte, así lo manifestó la fallecida, Lolita Acosta, su gran amiga y maestra de letras.

Un contrasentido generó el asesinato selectivo de Quintero Torres, entre el gremio de comunicadores quienes debieron asumir la tarea en medio de las balas, pero que “no se silenció ante la arremetida de los grupos ilegales”, reflexionó Lolita Acosta,   antes de su muerte, testigo de la arremetida de los grupos ilegales contra los periodistas del Cesar y el Caribe.

El presagio de Yuri

Una semana antes Yuri Quintero, hermano de Guzmán, dice haber presenciado el fatídico momento en una pesadilla donde soñó que una tarde soleada había irrumpido en la sala de redacción y se lo había llevado a recordar momentos de infancia. Con el pretexto de llevarlo a comer helados lo saqué del periódico. Aquella tarde de domingo, tuve una retrospectiva de cuando mis padres nos llevaban a comer bolis en la emblemática Plaza. En el sueño, le dije: “Guzmán, te van a matar, tienes que irte, haz visto las últimas noticias, vete al menos por un tiempo, como aquella vez”.

La acorazonada coincidía con rumor que había corrido un mes antes en la ciudad de que iban a matar a un periodista, el gremio instauró una denuncia a la opinión pública para que se hiciera un estudio de seguridad, pero las autoridades no le dieron crédito a las advertencias, y poco hicieron al respecto por evitar la situación.

Las causas del asesinato

Guzmán Quintero fue de los primeros periodistas en dar a conocer la conformación de los paramilitares con el trabajo “Los Hijos de la Sierra”, publicado en el periódico El Heraldo, denuncia que le valió una sentencia de muerte.

El atentado estuvo antecedido por un exilio que tuvo que vivir después de la denuncia de la Serranía de Perijá, pero su obstinación y compromiso con la verdad lo llevaron a aceptar el puesto de jefe de redacción de El Pilón, a mediados de 1998, porque para la época  también asesinaron a una gran amiga de la familia y el crimen estaba reciente. Así es que su vocación de defensor de Derechos Humano lo llevaron a un viaje sin retroceso en la investigación, del asesinato de su colega Amparo Jiménez, directora de REDEPAZ, y en el registro, a través de un periodismo de denuncia, de la combinación de fuerzas para la implementación de un sistema criminal que arrasó con todo sin contemplación y sobre todo con lo que significara una amenaza para la implementación de un régimen del terror en lo que se conoció en estas tierras como el Valle del Horror, sus constantes denuncias le valieron el remoquete del ‘periodista guerrillero’, hoy que lo pienso, esa fue una sentencia, recuerda su hermano. 

Petición familiar

Yuri Quintero Torres le pidió  a la Fiscalía, que declare el  hecho como un crimen de lesa humanidad, “somos optimistas en cuanto a que este quinto fiscal que lleva el proceso, le ha puesto empeño y ganas a la investigación, pero también somos realistas en que el tiempo no le va alcanzar, quedan menos de tres años para que se cumplan 20 años, tiempo en el cual todo proceso judicial prescribe”, por eso hemos pedido al Fiscal  General de la Nación que declare el crimen de lesa humanidad, porque al igual que el asesinato de Garzón, el crimen de Guzmán cumple con los requisitos para ser considerado como tal.